Un bombín agarrotado es el que hace que la llave entre o gire con mucha dificultad, o que no gire del todo, porque su mecanismo interior está sucio, oxidado o gastado. No está roto, pero va camino de estarlo.
En la costa es muy frecuente: el salitre oxida los muelles y los pitones, la arena se mete por la ranura y las casas que pasan meses cerradas encuentran el bombín duro al volver. También influye haber echado aceite, que con el tiempo forma una pasta.
No lo fuerces, porque la llave puede partirse dentro. Prueba a soplar la ranura y aplicar un poco de grafito o lubricante seco para cerraduras. Si sigue duro, toca limpiarlo a fondo o cambiarlo. Más en la reparación de cerraduras.