Su gran ventaja es que no se ve: va montada por la cara interior de la puerta y por fuera no deja ni bombín ni escudo. Lo que no está a la vista no se puede romper ni manipular.
Además despista. Quien consigue abrir la cerradura principal se encuentra con que la puerta sigue sin moverse y no sabe por qué. Y suma un punto de cierre más, que reparte el esfuerzo si alguien hace palanca.
Como no tiene acceso por fuera, la cerradura invisible mecánica solo se echa desde dentro. Va muy bien para cerrar de noche o en puertas que no usas para salir, como la del patio o la de la terraza en planta baja.
Las versiones que se abren con mando o con el móvil son electrónicas y no las trabajamos. Lo tienes en cerraduras invisibles.