El palastro es la chapa de acero con la que se fabrica la caja de muchas cerraduras, y por extensión se llama así a la propia caja o a la pletina en la que va colocado el pestillo. En las cerraduras de sobreponer clásicas, el palastro es la tapa que queda a la vista por la cara interior de la puerta.
Su grosor y su calidad influyen en la resistencia: un palastro fino se deforma si alguien hace palanca o golpea la cerradura, y el mecanismo de dentro se desajusta.
Si ves la tapa de una cerradura de sobreponer abombada o con los tornillos flojos, revísala: es señal de que la puerta ha recibido un golpe o de que la fijación ya no aguanta. Lo vemos en la instalación de cerraduras.