Un cierrapuertas es el mecanismo que hace que una puerta vuelva a cerrarse sola después de abrirla. El más común es el hidráulico: una caja con aceite y un muelle que se monta en la parte alta de la puerta, unida al marco por un brazo. Al abrir, el muelle se carga; al soltar, el aceite frena el cierre para que la puerta no dé un golpe.
Parece una pieza menor, pero de él depende que un portal quede cerrado o que se quede abierto toda la noche.
Dónde conviene ponerlo
- Portales de comunidad. Es su sitio por excelencia. Si el portal no vuelve solo, alguien acaba dejándolo entornado y el edificio queda abierto.
- Puertas de acceso a garajes y trasteros comunitarios, donde la gente pasa con las manos ocupadas y no se acuerda de cerrar.
- Puertas de piscina y de zonas comunes en urbanizaciones, que interesa que se cierren siempre.
- Locales y oficinas, para que la puerta de entrada no se quede abierta al viento ni golpee.
- Puertas de patio o de jardín en viviendas donde hay niños o mascotas.
Las puertas cortafuegos tienen que cerrar solas
En muchos edificios hay puertas cortafuegos en los accesos al garaje, a las escaleras o a los cuartos de instalaciones. Están pensadas para quedar cerradas y frenar el humo y el fuego, y para eso necesitan su cierrapuertas funcionando. Un error muy habitual es calzarlas con una cuña para que se queden abiertas. Si te molesta que se cierre, lo que hay que revisar es la regulación del cierrapuertas, no bloquear la puerta.
Tipos de cierrapuertas
De brazo articulado
El de toda la vida, con un brazo en forma de codo que une la caja con el marco. Es robusto, fácil de regular y sirve para la mayoría de puertas.
De guía deslizante
El brazo corre por una guía recta en lugar de doblarse. Queda más limpio a la vista y estorba menos, por eso se usa en locales y oficinas.
Con retención
Permite dejar la puerta abierta en una posición cuando interesa, por ejemplo para una mudanza o para ventilar. No se debe usar en puertas cortafuegos, que tienen que cerrar siempre.
La fuerza adecuada
Cada cierrapuertas tiene una fuerza pensada para un tamaño y un peso de puerta. Si se queda corto, la puerta no termina de cerrar, sobre todo con viento. Si se pasa, cuesta abrirla y es incómodo para niños y personas mayores. En los portales de la costa hay que contar también con el viento, que en algunos edificios hace de tapón o empuja la puerta al cerrar. Elegimos la fuerza teniendo en cuenta todo eso.
Averías que arreglamos
- La puerta cierra de golpe. Hay que ajustar la velocidad o el último tramo de cierre. Si ya no responde a la regulación, el aceite se ha ido.
- La puerta no termina de cerrar y el picaporte no entra. Puede ser la regulación, la fuerza o una puerta descolgada.
- Gotea aceite por la caja. Cuando un cierrapuertas pierde aceite ya no frena y hay que cambiarlo.
- El brazo se ha soltado o está doblado por un golpe.
- La puerta tarda muchísimo en cerrar, sobre todo en invierno.
Cuando la puerta no cierra porque roza o se ha descolgado, el cierrapuertas no tiene la culpa. Primero hay que ajustar la puerta y luego regular el cierrapuertas.
Cierrapuertas y seguridad del portal
Un portal que cierra solo es la primera medida de seguridad de una comunidad. Pero si cuando cierra no queda enganchado, la gente sigue entrando con un empujón. Por eso revisamos también el cerradero y la cerradura del portal. Si en el edificio hay varias puertas comunes, puede interesar que todas abran con la misma llave mediante el amaestramiento de llaves. Para comunidades y administradores tenemos además el mantenimiento de cerraduras, que incluye revisar estos mecanismos.
No trabajamos abrepuertas eléctricos ni videoporteros: si el portal falla por ahí, necesitas un técnico de esos sistemas.
Cómo trabajamos
Mándanos una foto de la puerta y, si ya tiene, del cierrapuertas y su brazo. Te decimos si basta con regularlo o hay que cambiarlo y te damos un presupuesto cerrado antes de empezar. Trabajamos para particulares, comunidades y negocios en Torrevieja y la Vega Baja.
